Las fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos: historia, tradición y los símbolos de una ciudad

Cuando llega el final de junio, Burgos cambia por completo. Sus calles se llenan de música, color, gigantes, danzantes, peñas y miles de personas que salen a disfrutar de la semana más esperada del año: las fiestas de San Pedro y San Pablo, conocidas popularmente como los Sampedros.

Sin embargo, existe una curiosidad que sorprende a muchos visitantes. Aunque el patrón de la ciudad es San Lesmes Abad, las fiestas mayores no se celebran en su honor, sino en el de los apóstoles San Pedro y San Pablo. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta está en la historia de Burgos.

¿Por qué las fiestas mayores son San Pedro y San Pablo si el patrón es San Lesmes?

San Lesmes fue un monje benedictino francés que llegó a Burgos en el siglo XI por petición del rey Alfonso VI y de la reina Constanza de Borgoña para atender a los peregrinos del Camino de Santiago. Su labor con los pobres, enfermos y caminantes le convirtió en una de las figuras más queridas de la ciudad y, tras su muerte, fue nombrado patrón de Burgos.

Su festividad se celebra cada año en torno al 30 de enero, con una romería popular en la iglesia dedicada al santo, donde no faltan los tradicionales panecillos, la morcilla, el chorizo y el vino. Es una celebración muy arraigada entre los burgaleses, pero las bajas temperaturas del invierno nunca permitieron organizar grandes festejos al aire libre.

visitas guiadas burgos

Las fiestas mayores, en cambio, tienen un origen mucho más antiguo ligado al calendario religioso medieval. El 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, coincidía con el inicio del verano, el final de muchas labores agrícolas y una época favorable para organizar mercados, ferias y celebraciones populares. Con el paso de los siglos, la ciudad consolidó esta fecha como su gran semana festiva, manteniendo a San Lesmes como patrón y a San Pedro y San Pablo como protagonistas de las fiestas mayores.

Desde la Edad Media, ya existía en Burgos una gran feria de San Pedro, documentada desde los siglos XIII y XIV. Estas ferias comerciales comenzaban alrededor de San Juan (24 de junio) y se prolongaban hasta San Pedro y San Pablo (29 de junio). Eran uno de los acontecimientos económicos más importantes del norte de Castilla y atraían a mercaderes, artesanos y ganaderos de numerosos territorios. Alrededor de estas ferias se organizaban también celebraciones populares, espectáculos y actos religiosos.

Si hablamos de las fiestas tal y como las conocemos hoy, la fecha clave es 1873. Ese año el Ayuntamiento de Burgos creó una Comisión Municipal de Festejos que decidió trasladar las fiestas mayores de la ciudad al mes de junio, coincidiendo con la festividad de San Pedro y San Pablo (29 de junio), aprovechando el buen tiempo y la mayor afluencia de visitantes. Desde entonces, los Sampedros son las fiestas mayores oficiales de Burgos.

Antes de 1873, las fiestas mayores oficiales de Burgos se celebraban en septiembre, en honor al Santísimo Cristo de Burgos y a la Virgen Blanca, teniendo como día principal el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. La decisión municipal de trasladarlas al verano permitió disfrutar de mejores condiciones climáticas y reforzó la relación entre las antiguas ferias medievales y la fiesta popular.

Los momentos más importantes de las fiestas

Aunque el programa cambia cada año, existen actos que forman parte de la identidad de los Sampedros y que los burgaleses esperan con especial ilusión.

El pregón y el chupinazo

Todo comienza con el pregón desde el balcón del Ayuntamiento, en la Plaza Mayor. Tras las palabras del pregonero llega el tradicional chupinazo que marca oficialmente el inicio de las fiestas. Desde ese momento la ciudad vive varios días de conciertos, actividades culturales, espectáculos y pasacalles.

El Lanzamiento de la Bota se celebró por primera vez en 2014, impulsado por la Federación de Fajas, Blusas y Corpiños de Burgos junto con la Hermandad de Peñas, Sociedades y Casas Regionales. La intención era crear un acto propio que simbolizara el protagonismo de las peñas en el comienzo oficial de las fiestas.

 

La gran bota de vino, de aproximadamente metro y medio de longitud, se lanza desde el balcón del Ayuntamiento (o desde el Teatro Principal en algunas ediciones) hacia los peñistas congregados en la plaza.

El gesto no representa un reparto de vino, sino un acto simbólico que expresa:

  • La petición de las peñas a la autoridad municipal para que comiencen oficialmente las fiestas.
  • La unión y la hermandad entre todas las peñas de Burgos.
  • El inicio de varios días de convivencia, música y celebración.

Después del lanzamiento, la bota va pasando de mano en mano entre los peñistas durante el desfile, convirtiéndose en un símbolo compartido de la fiesta.

La bota de vino es uno de los objetos más tradicionales de la cultura popular castellana. Durante siglos acompañó a agricultores, pastores, arrieros y viajeros, convirtiéndose en un símbolo de amistad, hospitalidad y celebración.

La ofrenda floral

Uno de los actos más emotivos tiene lugar el 29 de junio con la ofrenda floral a Santa María la Mayor. Cientos de personas, asociaciones, peñas y grupos folclóricos depositan flores ante la patrona de la archidiócesis en un desfile lleno de color, música tradicional y trajes regionales. Esta tradición moderna nació en los años cincuenta y se ha convertido en uno de los actos más representativos de las fiestas.

La costumbre de ofrecer flores a la Virgen tiene una larga tradición en la Iglesia católica y está especialmente vinculada al mes de mayo, conocido como el Mes de María. Sin embargo, en Burgos esta práctica se incorporó a las fiestas de San Pedro y San Pablo a mediados del siglo XX, concretamente en la década de 1950.

La iniciativa partió del Ayuntamiento y de diversas asociaciones religiosas y culturales con el propósito de incluir en las fiestas mayores un acto que combinara el carácter popular con la tradición religiosa de la ciudad. La idea fue organizar un desfile en el que ciudadanos, peñas, grupos folclóricos, casas regionales, asociaciones y autoridades ofrecieran ramos y centros de flores a la imagen de Santa María la Mayor, patrona de la Archidiócesis de Burgos. El desfile termina con la ofrenda en la plaza del Rey San Fernando , junto a la Catedral de Burgos .

Desde entonces, la ofrenda se ha celebrado de forma ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados de los Sampedros.

Los desfiles de Gigantones, Gigantillos y danzantes

Cada mañana las calles del centro histórico se llenan de música de dulzaina y tamboril. Los Gigantones, los entrañables Gigantillos y los danzantes recorren la ciudad bailando entre el público, especialmente en la Plaza Mayor, donde congregan a cientos de familias.

Pocas ciudades poseen personajes tan queridos como los Gigantones y los Gigantillos de Burgos.

Su origen se remonta a las antiguas procesiones del Corpus Christi, donde aparecían figuras de gran tamaño destinadas a representar distintos pueblos del mundo y simbolizar la universalidad del cristianismo.

Con el tiempo estas figuras fueron evolucionando hasta convertirse en personajes festivos independientes.

Los Gigantillos, una simpática pareja de campesinos burgaleses elaborados en cartón piedra, son probablemente los más populares. Caminan con un característico balanceo mientras un pitero marca el ritmo con pito y tamboril.

Los Gigantones representan diferentes continentes y personajes históricos y forman parte inseparable de las grandes celebraciones de la ciudad. Las figuras actuales fueron renovadas a finales del siglo XIX, aunque conservan la tradición heredada de siglos anteriores.

Son, sin duda, una de las imágenes más reconocibles de Burgos.

GIGANTILLOS Y GIGANTONES BURGOS

Los danzantes: una tradición que viene del Corpus

Los danzantes son otra de las imágenes inseparables de las fiestas burgalesas.

Su origen también está ligado a las procesiones del Corpus Christi, donde las danzas rituales servían para rendir homenaje al Santísimo Sacramento. Con el paso del tiempo estas coreografías religiosas pasaron a formar parte de las principales celebraciones de la ciudad.

Vestidos con trajes tradicionales, castañuelas y cintas de colores, interpretan antiguas danzas castellanas acompañados por dulzaineros y tamborileros.

Junto a ellos aparecen los llamados Tetines, personajes encargados de mantener el orden del grupo y dirigir las evoluciones de los danzantes, herederos del antiguo «Capidiablo» que encabezaba las procesiones del Corpus en la Edad Media.

La Cabalgata de Fiestas

Otro de los actos más esperados es el desfile de carrozas, acompañado por peñas, grupos folclóricos, bandas de música y asociaciones culturales, que convierten el centro de la ciudad en un gran espectáculo festivo.

La documentación municipal confirma que la Cabalgata de Fiestas supera ya los setenta años de existencia. El propio Ayuntamiento la define como «uno de los actos más arraigados de la ciudad», donde las carrozas constituyen el elemento más característico del desfile y representan la creatividad de los colectivos participantes.

Lo que comenzó siendo un sencillo desfile de carrozas terminó evolucionando hacia una gran manifestación popular en la que participan peñas, grupos folclóricos, asociaciones culturales, bandas de música, danzantes, Gigantones y Gigantillos.

Las peñas comenzaron a adquirir protagonismo a partir de las décadas de 1970 y 1980, cuando surgieron numerosas asociaciones festivas formadas por grupos de amigos, vecinos y barrios de la ciudad.

Estas agrupaciones no solo participaban en la Cabalgata, sino que comenzaron a organizar actividades propias, pasacalles, concursos, comidas populares y hermanamientos con otras peñas.

Su entusiasmo terminó transformando completamente el desfile.

Las carrozas dejaron de ser únicamente elementos decorativos para convertirse en auténticos escenarios móviles donde cada peña mostraba su personalidad mediante disfraces, música, coreografías y humor.

Hoy resulta imposible imaginar la Cabalgata sin la presencia de las peñas, consideradas el verdadero motor de las fiestas burgalesas.

 

El Día de las Peñas y el Burgalés Ausente

El broche final llega con la tradicional jornada en el parque de Fuentes Blancas, donde miles de personas participan en comidas populares, concursos gastronómicos, actuaciones y actividades organizadas por las peñas.

Este día también rinde homenaje a los burgaleses que viven fuera de la provincia mediante la denominada Operación Añoranza, una tradición declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León.

 

Las peñas: el alma de las fiestas

Hablar de los Sampedros es hablar de las peñas.

Las peñas son asociaciones de amigos y vecinos que participan activamente en la organización y animación de las fiestas. Aunque muchas nacieron durante la segunda mitad del siglo XX, inspiradas por movimientos similares en otras ciudades españolas, pronto adquirieron personalidad propia en Burgos.

Cada peña posee su nombre, bandera, colores, charanga y uniforme, generalmente formado por la tradicional blusa blanca, la faja roja y el pañuelo al cuello.

Durante las fiestas organizan actividades deportivas, concursos, comidas populares, pasacalles y actos solidarios, además de acompañar los principales desfiles y mantener un ambiente festivo permanente en las calles.

Con el paso de los años se han convertido en uno de los grandes símbolos de participación ciudadana y son consideradas el verdadero motor popular de las fiestas.

La sociedad recreativa castellana es la más antigua integrada actualmente en la Hermandad de Peñas. Fue fundada el 3 de noviembre de 1933 por un grupo de burgaleses que, tras conocer las sociedades gastronómicas de San Sebastián, quisieron crear una entidad similar en Burgos. Desde los años setenta participa activamente en los Sampedros con su grupo de blusas Los Mangas, carrozas y actividades culturales.

La mayor parte de las peñas actuales surgieron entre 1975 y 1985, coincidiendo con la transformación de los Sampedros en unas fiestas más participativas. Durante esos años aparecieron numerosas peñas vinculadas a barrios, grupos de amigos o asociaciones culturales, que comenzaron a organizar:

Mucho más que unas fiestas

Las fiestas de San Pedro y San Pablo representan la esencia de Burgos. En ellas conviven la tradición religiosa, la historia medieval, el folclore castellano y una intensa participación ciudadana que convierte a toda la ciudad en protagonista.

Mientras San Lesmes sigue siendo el protector y patrón de Burgos, los Sampedros son la gran celebración colectiva que marca el comienzo del verano y reúne a generaciones de burgaleses en torno a unas costumbres que han sabido conservarse durante siglos.

Gigantones, Gigantillos, danzantes, peñas, música, gastronomía y hospitalidad forman un patrimonio cultural único que convierte a las fiestas de Burgos en una de las celebraciones más auténticas y queridas de Castilla y León.

Explora Burgos con guía, descubre sus fiestas , su historia, sus tradiciones y sus costumbres.

 

Información y reservas visitas guiadas Burgos : info@burgosconguia.com