Hospital de la Divina Pastora de Burgos | Historia, Camino de Santiago

Hospital de la Divina Pastora de Burgos | Historia, Camino de Santiago

La Divina Pastora de Burgos: un lugar donde la historia del Camino de Santiago sigue viva

Cuando pensamos en qué ver en Burgos, la imagen de la Catedral suele ocupar el primer lugar. Sin embargo, el casco histórico esconde numerosos rincones que permiten comprender cómo era la ciudad durante la Edad Media. Uno de ellos es el Hospital de la Divina Pastora, un edificio discreto situado en la calle Laín Calvo que conserva intacta la esencia de la hospitalidad jacobea.

Aunque hoy funciona como albergue para peregrinos, durante siglos fue un hospital dedicado a atender a quienes recorrían el Camino de Santiago. Su historia refleja el papel fundamental que desempeñó Burgos como una de las ciudades más importantes del Camino Francés.

En nuestras visitas guiadas por Burgos solemos detenernos ante este edificio porque resume perfectamente cómo la ciudad creció gracias al paso continuo de viajeros, comerciantes y peregrinos procedentes de toda Europa.

El Camino de Santiago convirtió a Burgos en una ciudad de acogida

Desde el siglo XI, el Camino de Santiago fue mucho más que una ruta religiosa. Se convirtió en una auténtica autopista cultural por la que circularon personas, ideas, mercancías, estilos artísticos y conocimientos.

Burgos ocupaba una posición privilegiada dentro del Camino Francés. Tras atravesar los Montes de Oca y antes de continuar hacia Castrojeriz, miles de peregrinos encontraban aquí una ciudad próspera donde podían descansar, abastecerse, recibir asistencia médica o reparar su equipamiento.

La llegada constante de caminantes impulsó la economía local y favoreció la construcción de iglesias, conventos, puentes, mercados y hospitales.

No es casualidad que Burgos llegara a contar con una de las mayores concentraciones de hospitales medievales de toda Castilla.

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El Hospital de Santiago y Santa Catalina

El edificio que hoy conocemos como Hospital de la Divina Pastora fue fundado en 1466 bajo la advocación de Santiago Apóstol y Santa Catalina.

Su finalidad era atender a los peregrinos que llegaban enfermos, agotados o heridos después de largas jornadas de camino.

Conviene recordar que los hospitales medievales eran muy diferentes de los actuales. No eran únicamente centros sanitarios.

También ofrecían:

  • alojamiento gratuito;
  • alimentación;
  • cuidados básicos;
  • atención espiritual;
  • descanso para continuar el viaje.

En una época en la que recorrer cientos de kilómetros suponía un enorme esfuerzo físico, estos hospitales resultaban imprescindibles para garantizar la supervivencia de muchos peregrinos.

De hospital medieval a albergue del Camino

A medida que evolucionó la asistencia sanitaria y cambiaron las necesidades de la ciudad, el antiguo hospital dejó de funcionar como centro asistencial.

Sin embargo, nunca perdió su vínculo con el Camino de Santiago.

Actualmente el edificio alberga uno de los albergues históricos del Camino Francés en Burgos, manteniendo el mismo espíritu de acogida que inspiró su fundación hace más de quinientos años.

Miles de peregrinos continúan durmiendo cada año entre estos muros antes de emprender la siguiente etapa hacia Hontanas.

Pocas ciudades europeas pueden presumir de conservar un edificio que sigue desempeñando prácticamente la misma función para la que fue creado en el siglo XV.

La Divina Pastora y los comerciantes de Burgos

Uno de los aspectos menos conocidos de este edificio es su estrecha relación con el comercio burgalés. Desde hace décadas, el antiguo Hospital de Santiago y Santa Catalina pertenece a la Asociación de Comerciantes e Industriales Divina Pastora, una institución que ha contribuido a conservar el edificio, mantener abierta su capilla y gestionar el albergue de peregrinos.

Gracias a la implicación de esta asociación, el histórico hospital continúa cumpliendo una función muy similar a la que tuvo desde su fundación en el siglo XV: ofrecer acogida a los peregrinos del Camino de Santiago.

La Virgen de la Divina Pastora es la advocación bajo la que se agrupan los comerciantes de esta asociación, convirtiéndose en un símbolo de protección y unión para numerosas generaciones de comerciantes burgaleses. Esta vinculación explica que muchos burgaleses identifiquen a la Divina Pastora con el comercio tradicional de la ciudad y con los valores de acogida, solidaridad y servicio que históricamente caracterizaron a este antiguo hospital de peregrinos.

¿Por qué recibe el nombre de Divina Pastora?

El nombre actual procede de la pequeña capilla situada junto al antiguo hospital.

La advocación de la Divina Pastora nació en Sevilla en 1703 gracias al fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla, quien promovió una nueva representación de la Virgen María como pastora que guía y protege a los cristianos, simbolizados por un rebaño de ovejas.

La iconografía tuvo una enorme difusión durante el siglo XVIII gracias a la Orden Capuchina.

Con el paso del tiempo, la capilla del antiguo hospital adoptó esta advocación y el conjunto terminó siendo conocido popularmente como Hospital de la Divina Pastora.

La capilla: un pequeño tesoro del casco histórico

Desde el exterior resulta difícil imaginar el interés artístico y devocional que conserva este pequeño templo.

Su ambiente es sencillo y acogedor, muy diferente del esplendor monumental de la Catedral.

Entre los elementos más destacados encontramos:

  • la imagen de la Virgen Divina Pastora;
  • las esculturas de Santiago Apóstol y Santa Catalina, recordando la advocación original del hospital;
  • diferentes pinturas y obras religiosas incorporadas durante los siglos XIX y XX;
  • la celebración diaria de la Misa del Peregrino, que continúa siendo uno de los momentos más emotivos para quienes realizan el Camino.

Muchos peregrinos afirman que asistir a esta celebración constituye uno de los recuerdos más especiales de su paso por Burgos.

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Los hospitales medievales de Burgos

La existencia del Hospital de la Divina Pastora no fue un caso aislado.

La importancia del Camino de Santiago hizo que Burgos desarrollara una amplia red hospitalaria destinada a atender tanto a peregrinos como a enfermos y personas sin recursos. A finales del siglo XV la ciudad de Burgos contó con más de 30 hospitales para atender a peregrinos, ancianos, enfermos y pobres de la ciudad.

Entre los hospitales más importantes destacaban:

Hospital del Rey

Fundado hacia 1195  por Alfonso VIII de Castilla , conocido como el de las Navas de Tolosa y su mujer Leonor de Plantegenet , fue uno de los hospitales de peregrinos más importantes de toda Europa medieval.

Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet fundaron el Monasterio de los Huelgas Reales, un imprescindible en tu visita a Burgos.

Disponía de iglesia, enfermerías, cocina, cementerio, dependencias para religiosos y amplios espacios destinados a los caminantes.

Hoy forma parte de la Universidad de Burgos y conserva uno de los conjuntos históricos más interesantes relacionados con el Camino.

Hospital de San Juan

Situado junto al Arco de San Juan, acogía a numerosos peregrinos antes de entrar en la ciudad.

Fue durante siglos uno de los principales centros asistenciales burgaleses.

Hospital de la Concepción

Fundado en el siglo XVI, representó la evolución de la asistencia hospitalaria hacia modelos más modernos.

Hospital de Barrantes

Especializado en la atención de enfermos pobres, desempeñó una importante labor benéfica durante siglos.

Hospital de Santiago y Santa Catalina

El actual Hospital de la Divina Pastora completa esta red de establecimientos que hicieron de Burgos una referencia europea en la atención a peregrinos.

Burgos: una ciudad construida gracias al Camino

Pocas ciudades españolas deben tanto al Camino de Santiago como Burgos.

La riqueza generada por el continuo tránsito de peregrinos favoreció la construcción de algunos de sus monumentos más importantes.

La propia Catedral fue financiada, en parte, gracias a la prosperidad económica que experimentó la ciudad durante los siglos medievales.

Además, el Camino permitió la llegada de artistas franceses, flamencos y alemanes que introdujeron nuevos estilos arquitectónicos y escultóricos.

No solo circulaban peregrinos.

También viajaban comerciantes, canteros, pintores, impresores, médicos y maestros de obras.

El Camino convirtió Burgos en un auténtico punto de encuentro de la Europa medieval.

Un edificio que mantiene viva una tradición de más de quinientos años

Quizá el mayor valor del Hospital de la Divina Pastora no resida únicamente en su arquitectura.

Su importancia radica en que sigue cumpliendo la misión para la que fue construido: ofrecer acogida a quienes llegan caminando.

En un mundo donde muchos edificios históricos han perdido completamente su función original, este pequeño hospital continúa representando uno de los valores fundamentales del Camino de Santiago: la hospitalidad.

Descubre esta historia en una visita guiada por Burgos

Muchas veces los edificios más discretos son los que esconden las historias más sorprendentes.

Durante nuestras visitas guiadas por Burgos recorremos las calles por las que caminaron miles de peregrinos desde hace casi mil años y descubrimos lugares como el Hospital de la Divina Pastora, el Hospital del Rey, el Arco de San Juan o los antiguos barrios donde se desarrolló la vida del Camino.

Porque conocer Burgos no consiste únicamente en admirar sus monumentos. También significa comprender cómo una ciudad castellana llegó a convertirse en uno de los grandes centros del Camino de Santiago y por qué, siglos después, sigue recibiendo cada día a peregrinos de todo el mundo.

 

Si quieres descubrir estas historias y muchas otras curiosidades,

 

te invitamos a unirte a nuestras visitas guiadas y recorrer Burgos

con la mirada de quienes conocen su historia más allá de las piedras.

La Puerta de la Pellejería: cuando la Catedral de Burgos se abrió al Renacimiento

La Puerta de la Pellejería: cuando la Catedral de Burgos se abrió al Renacimiento

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La Catedral de Burgos es conocida por sus impresionantes portadas góticas, pero existe una puerta que marca el paso de la Edad Media al Renacimiento y que guarda la historia de uno de los hombres más poderosos de la España de los Reyes Católicos: la Puerta de la Pellejería.

Construida en 1516, esta portada no solo es una obra de arte, sino también el reflejo de una época en la que Burgos era una de las ciudades más importantes de Castilla y un centro económico conectado con Europa y con el recién descubierto continente americano.

 

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Burgos en el siglo XVI

A comienzos del siglo XVI, Burgos vivía uno de los momentos más brillantes de su historia. La ciudad era la capital comercial de Castilla gracias al comercio de la lana, controlado por el Consulado del Mar de Burgos. Desde aquí partían caravanas hacia los puertos del Cantábrico y mercancías destinadas a Flandes, Francia, Inglaterra e Italia.

La riqueza de los mercaderes permitió financiar importantes obras de arte y arquitectura. La Catedral de Burgos continuaba creciendo más de tres siglos después de colocarse su primera piedra en 1221.

Hoy podemos admirar las capillas funerarios de estos ricos mercaderes en las Iglesias de San Gil Abad, San Nicolás de Bari, San Esteban , recorre con nosotros la calle Fernán González para descubrir su historia.

En este contexto llegó al obispado uno de los personajes más influyentes del reino.

 

 

Juan Rodríguez de Fonseca, el obispo más poderoso de Castilla

Juan Rodríguez de Fonseca nació en Toro (Zamora) en 1451, dentro de una de las familias nobles más prestigiosas de Castilla.

Estudió Derecho Canónico en la Universidad de Salamanca y muy pronto entró al servicio de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Su inteligencia, capacidad organizativa y habilidad diplomática hicieron que se convirtiera en uno de sus principales consejeros.

A lo largo de su vida fue obispo de Badajoz, Córdoba, Palencia y finalmente Burgos, donde desarrolló una intensa actividad artística y constructiva.

Sin embargo, su importancia fue mucho más allá del ámbito religioso.

 

 

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El hombre que organizó el imperio español en América

Tras el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492, la Corona necesitaba organizar los nuevos territorios.

Los Reyes Católicos confiaron esa misión a Juan Rodríguez de Fonseca.

Durante más de veinte años fue el responsable de preparar expediciones, controlar el comercio, nombrar gobernadores, supervisar la evangelización y administrar las nuevas posesiones americanas.

Desde sus despachos pasaron algunos de los nombres más famosos de la exploración:

  • Cristóbal Colón.
  • Vicente Yáñez Pinzón.
  • Juan de la Cosa.
  • Alonso de Ojeda.
  • Vasco Núñez de Balboa.
  • Juan Ponce de León.

Fonseca nunca cruzó el océano Atlántico, pero fue una de las personas que más influyó en la expansión española.

 

La difícil relación con Cristóbal Colón

Curiosamente, Fonseca y Colón nunca mantuvieron una buena relación.

Colón quería conservar los privilegios que había obtenido en las Capitulaciones de Santa Fe, mientras que Fonseca defendía que los nuevos territorios debían depender directamente de la Corona.

Sus enfrentamientos fueron constantes y terminaron debilitando la posición del almirante.

Muchos historiadores consideran que Fonseca fue una de las figuras decisivas en la pérdida de poder político de Cristóbal Colón.

 

 

La llegada del Renacimiento a Burgos

Mientras organizaba asuntos de Estado y del Nuevo Mundo, Fonseca también impulsaba importantes proyectos artísticos.

Era un gran admirador del Renacimiento italiano y deseaba modernizar la Catedral de Burgos sin destruir su magnífica arquitectura gótica.

Por ello encargó nuevas obras a algunos de los mejores artistas del momento. Destacamos la Escalera Dorada de Diego de Siloé

 

 

 

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Francisco de Colonia, heredero de una gran familia

La Puerta de la Pellejería fue diseñada por Francisco de Colonia.

Su apellido era toda una garantía de calidad.

Era hijo de Simón de Colonia y nieto de Juan de Colonia, el arquitecto alemán que había construido las famosas agujas caladas de la Catedral de Burgos, uno de sus símbolos más reconocibles.

Con Francisco, la familia Colonia introducía ya el lenguaje artístico del Renacimiento.

 

 

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¿Por qué fue necesaria una nueva puerta?

La construcción tuvo un motivo muy práctico.

Durante décadas, muchos burgaleses atravesaban diariamente la Catedral utilizando la Puerta de la Coronería como si fuera una calle pública.

Entraban comerciantes, artesanos, animales de carga y carros.

Aquello interrumpía los oficios religiosos y restaba solemnidad al templo.

Fonseca decidió reorganizar completamente los accesos.

Mandó construir la Puerta de la Pellejería y, pocos años después, encargó otra obra extraordinaria: la Escalera Dorada.

 

 

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La Escalera Dorada de Diego de Siloé

En 1519 llegó a Burgos Diego de Siloé, uno de los escultores y arquitectos más brillantes del Renacimiento español.

Su misión consistía en resolver un enorme desnivel existente entre la Puerta de la Coronería y el interior de la catedral.

El resultado fue la Escalera Dorada, una de las obras maestras del Renacimiento europeo.

Años más tarde inspiraría incluso a arquitectos franceses en el diseño de algunas escaleras monumentales.

 

 

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Un retablo convertido en puerta

La Puerta de la Pellejería parece más un retablo que una fachada.

Su decoración pertenece al estilo plateresco, llamado así porque recuerda al trabajo minucioso realizado por los plateros.

Entre sus elementos destacan:

  • columnas decoradas con motivos vegetales;
  • medallones inspirados en el mundo clásico;
  • escudos del obispo Fonseca;
  • hornacinas con santos;
  • la Virgen con el Niño presidiendo el conjunto;
  • San Pedro y San Pablo a ambos lados;
  • y el propio Fonseca arrodillado, ofreciendo simbólicamente la obra a la Virgen.
  • los martirios de los Santos Juanes.

 

¿Por qué se llama Pellejería?

 

El nombre recuerda al antiguo barrio de los pellejeros.

Estos artesanos trabajaban las pieles para fabricar zapatos, cinturones, bolsas, monturas y numerosos objetos de cuero.

Era uno de los muchos oficios que daban vida a la Burgos medieval, junto a tejedores, curtidores, herreros y mercaderes.

 

 

 

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Curiosidades

  • La portada fue construida en el reducido espacio existente entre dos enormes contrafuertes góticos.
  • Combina elementos góticos con las primeras formas plenamente renacentistas de la Catedral.
  • Francisco de Colonia consiguió integrar una obra completamente nueva en un edificio iniciado casi trescientos años antes.
  • Juan Rodríguez de Fonseca está considerado uno de los grandes mecenas del Renacimiento español.
  • Fue también uno de los principales impulsores de la creación de la futura Casa de la Contratación y del sistema administrativo que permitió gobernar el inmenso imperio americano.
  • Su magnífico sepulcro, realizado por Bartolomé Ordóñez, puede contemplarse en la Iglesia de Santa María la mayor de Coca (Segovia) y es una de las obras maestras de la escultura funeraria renacentista en España.

 

 

Una puerta que resume una época

La Puerta de la Pellejería representa mucho más que una entrada secundaria. Es el símbolo de un momento decisivo en la historia de España, cuando el país dejaba atrás la Edad Media, se abría al Renacimiento y comenzaba a construir un imperio que se extendía por varios continentes.

Gracias al impulso de Juan Rodríguez de Fonseca, la Catedral de Burgos incorporó las nuevas corrientes artísticas sin renunciar a su esencia gótica. Cada detalle de esta portada recuerda la visión de un obispo que fue diplomático, político, mecenas y uno de los grandes organizadores de la expansión española en el mundo.

Hoy, quienes se detienen frente a la Puerta de la Pellejería contemplan mucho más que una fachada: observan el punto de encuentro entre la historia de Burgos, el Renacimiento y el nacimiento de la España moderna.

 

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LOS GIGANTILLOS Y GIGANTONES DE BURGOS

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Gigantillos y Gigantones de Burgos: historia, tradición y secretos de los personajes más queridos de la ciudad

Si visitas Burgos durante las fiestas de San Pedro y San Pablo o en otras celebraciones importantes del calendario burgalés, es muy probable que escuches música, veas a los niños correr emocionados y descubras a unos personajes que despiertan sonrisas generación tras generación: los Gigantillos y Gigantones de Burgos.

Estas figuras forman parte de una de las tradiciones más queridas de la ciudad y constituyen un elemento imprescindible del patrimonio festivo burgalés. Pero ¿Quiénes son realmente?, qué representan?, ¿desde cuándo acompañan a los burgaleses? y quiénes son las personas que los hacen bailar por las calles del centro histórico?

 

GIGANTILLOS BURGOS

Una tradición con siglos de historia

La presencia de gigantes en las celebraciones religiosas y populares tiene su origen en la Edad Media. Muchas ciudades españolas incorporaron estas figuras a las procesiones del Corpus Christi para representar distintos pueblos y culturas del mundo conocido.

En Burgos existen referencias documentales a gigantes festivos desde hace varios siglos, aunque las figuras actuales son fruto de diferentes renovaciones y restauraciones realizadas a lo largo del tiempo. Con el paso de los años dejaron de estar vinculados exclusivamente a las celebraciones religiosas para convertirse en protagonistas de las grandes fiestas de la ciudad.

Hoy forman parte inseparable de la identidad burgalesa y continúan emocionando tanto a los vecinos como a quienes visitan la ciudad por primera vez.

¿Quiénes son los Gigantones?

Los Gigantones representan diferentes continentes y pueblos del mundo, siguiendo una tradición muy extendida en España.

Las figuras actuales forman parejas masculinas y femeninas que simbolizan distintas culturas y etnias. Con sus llamativos trajes, coronas, turbantes y vestimentas tradicionales, recuerdan la visión que se tenía del mundo en la época en la que surgieron estas representaciones festivas.

Su presencia simboliza la universalidad de la celebración y el encuentro entre diferentes pueblos.

Los Gigantones de Burgos forman parte de una tradición que se remonta a las antiguas procesiones del Corpus Christi. Como ocurre en muchas ciudades españolas, representan a los diferentes continentes y pueblos del mundo conocidos en la época en que fueron creados.

Además de los tradicionales gigantes que representan distintos pueblos y culturas, la comparsa burgalesa incorpora algunas de las figuras más importantes de la historia de Burgos y de Castilla. Gracias a ellos, cada desfile se convierte en una auténtica lección de historia al aire libre.

 

GIGANTILLOS Y GIGANTONES BURGOS

El Cid Campeador

Entre los personajes más admirados destaca Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Nacido en las proximidades de Burgos y convertido en uno de los héroes más célebres de la Edad Media, simboliza el valor, el honor y la estrecha relación entre Burgos y la historia de Castilla.

Cuando el Gigantón del Cid aparece en las fiestas, muchos burgaleses identifican inmediatamente a quien es, ya que su figura forma parte de la identidad de la ciudad.

 

EL CID CAMPEADOR

Doña Jimena

Acompañando al Cid encontramos a su esposa, Doña Jimena Díaz. Figura fundamental en la historia cidiana, representa la fidelidad y la fortaleza de una mujer que tuvo que afrontar largos periodos de separación durante las campañas militares de su marido.

Su presencia recuerda que la historia del Cid no puede entenderse sin el papel desempeñado por su familia.

Los Reyes Católicos

Otra de las parejas más representativas es la formada por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos. Los padres y el hermano de la reina Isabel I de Castilla están enterrados en la Cartuja de Miraflores.

Su reinado marcó una de las etapas más importantes de la historia de España y mantuvo una estrecha vinculación con Burgos, una de las ciudades más relevantes de la Corona de Castilla durante el siglo XV.

Sus figuras recuerdan el momento en que Castilla se convirtió en el eje político de la monarquía hispánica.

 

Doña Berenguela

La reina Berenguela de Castilla es una de las mujeres más importantes de la historia medieval castellana y, sin embargo, una gran desconocida para muchos visitantes.

Hija de Alfonso VIII el de las Navas de Tolosa fundador del Monasterio de las Huelgas Reales. Madre de Fernando III el Santo, fundador de la Catedral de Burgos .

desempeñó un papel decisivo en la consolidación del reino castellano. Su inteligencia política y capacidad diplomática fueron fundamentales para el futuro de Castilla.

Su presencia entre los Gigantones es un homenaje a una de las grandes protagonistas de la historia burgalesa. Está enterrada en el Monasterio de los Huelgas.

El Conde Diego Porcelos

Considerado tradicionalmente como el fundador de Burgos en el año 884, el conde Diego Porcelos ocupa un lugar privilegiado en la memoria de la ciudad.

Según la tradición, fue el encargado de establecer la fortaleza que daría origen al Burgos medieval y que acabaría convirtiéndose en una de las ciudades más importantes del norte peninsular.

Por ello, no podía faltar entre los personajes históricos representados en las fiestas burgalesas. Nos encontramos su escultura en el Arco de Santa María, actualmente museo y sala de exposiciones.

 

GIGANTILLOS GIGANTONES BURGOS

Los Reyes de Castilla o de Europa

Representan la monarquía cristiana europea y simbolizan el continente europeo. Sus vestimentas recuerdan a los reyes medievales, con coronas, capas y ricos adornos. Son las figuras más cercanas a la historia castellana y a menudo se consideran las más vinculadas a la identidad de Burgos.

Los Reyes Moros de Asia

Esta pareja aparece ataviada con turbantes, túnicas y elementos inspirados en la iconografía oriental. Simbolizan Asia y evocan las relaciones históricas, comerciales y culturales entre Oriente y Occidente que tanto fascinaban a la Europa medieval.

 

GIGANTILLOS Y GIGANTONES BURGOS

Los Reyes Negros de África

Representan el continente africano. Sus vestimentas coloridas y llamativas forman parte de una tradición común en numerosas comparsas de gigantes de España. Históricamente simbolizaban la universalidad de la fe cristiana y la presencia de pueblos procedentes de todos los rincones del mundo.

 

GIGANTILLOS Y GIGANTONES BURGOS

Los Reyes Indios de América

Incorporados tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, representan América. Su indumentaria incluye referencias a los pueblos indígenas americanos según la visión que existía en los siglos posteriores al descubrimiento. Son una muestra de cómo las comparsas fueron adaptándose a la ampliación del conocimiento geográfico del mundo.

Los Gigantillos: los personajes más queridos

Junto a los gigantes desfilan los famosos Gigantillos, probablemente los personajes más populares entre los niños burgaleses.

A diferencia de los Gigantones, no representan continentes ni monarquías. Su función es más festiva y cercana al público. Con sus grandes cabezas, expresiones alegres y movimientos rápidos, recorren las calles bailando al ritmo de dulzainas y tambores.

Los Gigantillos de Burgos representan una pareja de burgaleses tradicionales, no personajes históricos concretos como el Cid o Diego Porcelos. Son la imagen idealizada y caricaturizada del pueblo burgalés y de sus costumbres populares.

  • El Gigantillo viste capa parda, sombrero velludo, faja roja y porta una vara de fresno como símbolo de autoridad. Tradicionalmente se interpreta como un alcalde o personaje destacado de la sierra burgalesa.
  • La Gigantilla representa a una aldeana burgalesa, con indumentaria tradicional, pañuelo serrano, moño característico y un ramo de flores en la mano.

Las figuras actuales datan de 1899, creados con motivo del V Congreso Católico celebrado en Burgos, a partir de diseños de Isidro Gil y realizados por Fernando Hernando «Cardeñita». Miden aproximadamente 2,40 metros de altura y son uno de los símbolos más queridos de las fiestas de Burgos. Su origen se encuentra en las antiguas tarascas y gigantillas que participaban en las procesiones del Corpus Christi desde el siglo XVI.

El 16 de enero de 1973 un incendio destruyó los Gigantones y los Gigantillos en los almacenes municipales donde se guardaban. El fuego consumió las figuras de madera y cartón piedra en pocos minutos. La causa del incendio fue investigada en su momento.

Tras el incendio, el Ayuntamiento decidió reconstruirlos con urgencia para que la tradición no desapareciera. Las nuevas figuras fueron reproducidas con muy pocos cambios respecto a las anteriores y volvieron a participar en las fiestas pocos años después.

¿Cuánto miden y de qué están hechos?

Los Gigantones alcanzan aproximadamente entre 3,5 y 4 metros de altura, dependiendo de la figura, mientras que los Gigantillos son notablemente más bajos para facilitar sus característicos bailes y movimientos rápidos.

Tradicionalmente se construían utilizando estructuras de madera, mimbre y cartón piedra. En la actualidad incorporan materiales más ligeros y resistentes que permiten conservar las figuras y facilitar su transporte.

A pesar de su gran tamaño, están diseñados para ser portados por una sola persona en su interior.

El arte de hacer bailar a los gigantes

Uno de los aspectos más sorprendentes para quienes los ven por primera vez es descubrir que cada figura es transportada y manejada por una persona.

Los portadores, conocidos popularmente como danzantes o cargadores de gigantes, requieren fuerza, resistencia y mucha práctica. No se trata únicamente de caminar bajo una estructura de gran tamaño; también deben hacerla girar, inclinarse, bailar y moverse al ritmo de la música.

La coordinación entre músicos y portadores es fundamental para crear el espectáculo que cada año llena de vida las calles de Burgos.

Mucho más que figuras festivas

Los Gigantillos y Gigantones son mucho más que una atracción para las fiestas.

Representan la memoria colectiva de la ciudad, la transmisión de tradiciones entre generaciones y el orgullo de un patrimonio cultural que sigue vivo. Cada salida es una celebración que conecta el Burgos actual con siglos de historia y costumbres populares.

Por eso, cuando los gigantes recorren las calles del casco histórico, no solo están bailando: están contando una historia que comenzó hace cientos de años.

 

 

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Descubre los secretos de Burgos en una visita guiada

La mayoría de los visitantes observan a los Gigantones durante las fiestas sin conocer la fascinante historia que esconden. ¿Quién los construyó? ¿Por qué representan a determinados personajes? ¿Dónde se guardan el resto del año? ¿Qué relación tienen con las antiguas celebraciones de la ciudad?

En nuestras visitas guiadas por Burgos descubrirás estas y muchas otras curiosidades sobre las tradiciones burgalesas, además de conocer la historia de la Catedral, el Camino de Santiago, el Cid Campeador y los rincones más sorprendentes del casco histórico.

Porque Burgos no solo se visita. Burgos se comprende, se escucha y se vive a través de las historias que han dado forma a la ciudad durante siglos.

 

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Las fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos: historia, tradición y los símbolos de una ciudad

Las fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos: historia, tradición y los símbolos de una ciudad

Cuando llega el final de junio, Burgos cambia por completo. Sus calles se llenan de música, color, gigantes, danzantes, peñas y miles de personas que salen a disfrutar de la semana más esperada del año: las fiestas de San Pedro y San Pablo, conocidas popularmente como los Sampedros.

Sin embargo, existe una curiosidad que sorprende a muchos visitantes. Aunque el patrón de la ciudad es San Lesmes Abad, las fiestas mayores no se celebran en su honor, sino en el de los apóstoles San Pedro y San Pablo. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta está en la historia de Burgos.

¿Por qué las fiestas mayores son San Pedro y San Pablo si el patrón es San Lesmes?

San Lesmes fue un monje benedictino francés que llegó a Burgos en el siglo XI por petición del rey Alfonso VI y de la reina Constanza de Borgoña para atender a los peregrinos del Camino de Santiago. Su labor con los pobres, enfermos y caminantes le convirtió en una de las figuras más queridas de la ciudad y, tras su muerte, fue nombrado patrón de Burgos.

Su festividad se celebra cada año en torno al 30 de enero, con una romería popular en la iglesia dedicada al santo, donde no faltan los tradicionales panecillos, la morcilla, el chorizo y el vino. Es una celebración muy arraigada entre los burgaleses, pero las bajas temperaturas del invierno nunca permitieron organizar grandes festejos al aire libre.

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Las fiestas mayores, en cambio, tienen un origen mucho más antiguo ligado al calendario religioso medieval. El 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, coincidía con el inicio del verano, el final de muchas labores agrícolas y una época favorable para organizar mercados, ferias y celebraciones populares. Con el paso de los siglos, la ciudad consolidó esta fecha como su gran semana festiva, manteniendo a San Lesmes como patrón y a San Pedro y San Pablo como protagonistas de las fiestas mayores.

Desde la Edad Media, ya existía en Burgos una gran feria de San Pedro, documentada desde los siglos XIII y XIV. Estas ferias comerciales comenzaban alrededor de San Juan (24 de junio) y se prolongaban hasta San Pedro y San Pablo (29 de junio). Eran uno de los acontecimientos económicos más importantes del norte de Castilla y atraían a mercaderes, artesanos y ganaderos de numerosos territorios. Alrededor de estas ferias se organizaban también celebraciones populares, espectáculos y actos religiosos.

Si hablamos de las fiestas tal y como las conocemos hoy, la fecha clave es 1873. Ese año el Ayuntamiento de Burgos creó una Comisión Municipal de Festejos que decidió trasladar las fiestas mayores de la ciudad al mes de junio, coincidiendo con la festividad de San Pedro y San Pablo (29 de junio), aprovechando el buen tiempo y la mayor afluencia de visitantes. Desde entonces, los Sampedros son las fiestas mayores oficiales de Burgos.

Antes de 1873, las fiestas mayores oficiales de Burgos se celebraban en septiembre, en honor al Santísimo Cristo de Burgos y a la Virgen Blanca, teniendo como día principal el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. La decisión municipal de trasladarlas al verano permitió disfrutar de mejores condiciones climáticas y reforzó la relación entre las antiguas ferias medievales y la fiesta popular.

Los momentos más importantes de las fiestas

Aunque el programa cambia cada año, existen actos que forman parte de la identidad de los Sampedros y que los burgaleses esperan con especial ilusión.

El pregón y el chupinazo

Todo comienza con el pregón desde el balcón del Ayuntamiento, en la Plaza Mayor. Tras las palabras del pregonero llega el tradicional chupinazo que marca oficialmente el inicio de las fiestas. Desde ese momento la ciudad vive varios días de conciertos, actividades culturales, espectáculos y pasacalles.

El Lanzamiento de la Bota se celebró por primera vez en 2014, impulsado por la Federación de Fajas, Blusas y Corpiños de Burgos junto con la Hermandad de Peñas, Sociedades y Casas Regionales. La intención era crear un acto propio que simbolizara el protagonismo de las peñas en el comienzo oficial de las fiestas.

 

La gran bota de vino, de aproximadamente metro y medio de longitud, se lanza desde el balcón del Ayuntamiento (o desde el Teatro Principal en algunas ediciones) hacia los peñistas congregados en la plaza.

El gesto no representa un reparto de vino, sino un acto simbólico que expresa:

  • La petición de las peñas a la autoridad municipal para que comiencen oficialmente las fiestas.
  • La unión y la hermandad entre todas las peñas de Burgos.
  • El inicio de varios días de convivencia, música y celebración.

Después del lanzamiento, la bota va pasando de mano en mano entre los peñistas durante el desfile, convirtiéndose en un símbolo compartido de la fiesta.

La bota de vino es uno de los objetos más tradicionales de la cultura popular castellana. Durante siglos acompañó a agricultores, pastores, arrieros y viajeros, convirtiéndose en un símbolo de amistad, hospitalidad y celebración.

La ofrenda floral

Uno de los actos más emotivos tiene lugar el 29 de junio con la ofrenda floral a Santa María la Mayor. Cientos de personas, asociaciones, peñas y grupos folclóricos depositan flores ante la patrona de la archidiócesis en un desfile lleno de color, música tradicional y trajes regionales. Esta tradición moderna nació en los años cincuenta y se ha convertido en uno de los actos más representativos de las fiestas.

La costumbre de ofrecer flores a la Virgen tiene una larga tradición en la Iglesia católica y está especialmente vinculada al mes de mayo, conocido como el Mes de María. Sin embargo, en Burgos esta práctica se incorporó a las fiestas de San Pedro y San Pablo a mediados del siglo XX, concretamente en la década de 1950.

La iniciativa partió del Ayuntamiento y de diversas asociaciones religiosas y culturales con el propósito de incluir en las fiestas mayores un acto que combinara el carácter popular con la tradición religiosa de la ciudad. La idea fue organizar un desfile en el que ciudadanos, peñas, grupos folclóricos, casas regionales, asociaciones y autoridades ofrecieran ramos y centros de flores a la imagen de Santa María la Mayor, patrona de la Archidiócesis de Burgos. El desfile termina con la ofrenda en la plaza del Rey San Fernando , junto a la Catedral de Burgos .

Desde entonces, la ofrenda se ha celebrado de forma ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados de los Sampedros.

Los desfiles de Gigantones, Gigantillos y danzantes

Cada mañana las calles del centro histórico se llenan de música de dulzaina y tamboril. Los Gigantones, los entrañables Gigantillos y los danzantes recorren la ciudad bailando entre el público, especialmente en la Plaza Mayor, donde congregan a cientos de familias.

Pocas ciudades poseen personajes tan queridos como los Gigantones y los Gigantillos de Burgos.

Su origen se remonta a las antiguas procesiones del Corpus Christi, donde aparecían figuras de gran tamaño destinadas a representar distintos pueblos del mundo y simbolizar la universalidad del cristianismo.

Con el tiempo estas figuras fueron evolucionando hasta convertirse en personajes festivos independientes.

Los Gigantillos, una simpática pareja de campesinos burgaleses elaborados en cartón piedra, son probablemente los más populares. Caminan con un característico balanceo mientras un pitero marca el ritmo con pito y tamboril.

Los Gigantones representan diferentes continentes y personajes históricos y forman parte inseparable de las grandes celebraciones de la ciudad. Las figuras actuales fueron renovadas a finales del siglo XIX, aunque conservan la tradición heredada de siglos anteriores.

Son, sin duda, una de las imágenes más reconocibles de Burgos.

GIGANTILLOS Y GIGANTONES BURGOS

Los danzantes: una tradición que viene del Corpus

Los danzantes son otra de las imágenes inseparables de las fiestas burgalesas.

Su origen también está ligado a las procesiones del Corpus Christi, donde las danzas rituales servían para rendir homenaje al Santísimo Sacramento. Con el paso del tiempo estas coreografías religiosas pasaron a formar parte de las principales celebraciones de la ciudad.

Vestidos con trajes tradicionales, castañuelas y cintas de colores, interpretan antiguas danzas castellanas acompañados por dulzaineros y tamborileros.

Junto a ellos aparecen los llamados Tetines, personajes encargados de mantener el orden del grupo y dirigir las evoluciones de los danzantes, herederos del antiguo «Capidiablo» que encabezaba las procesiones del Corpus en la Edad Media.

La Cabalgata de Fiestas

Otro de los actos más esperados es el desfile de carrozas, acompañado por peñas, grupos folclóricos, bandas de música y asociaciones culturales, que convierten el centro de la ciudad en un gran espectáculo festivo.

La documentación municipal confirma que la Cabalgata de Fiestas supera ya los setenta años de existencia. El propio Ayuntamiento la define como «uno de los actos más arraigados de la ciudad», donde las carrozas constituyen el elemento más característico del desfile y representan la creatividad de los colectivos participantes.

Lo que comenzó siendo un sencillo desfile de carrozas terminó evolucionando hacia una gran manifestación popular en la que participan peñas, grupos folclóricos, asociaciones culturales, bandas de música, danzantes, Gigantones y Gigantillos.

Las peñas comenzaron a adquirir protagonismo a partir de las décadas de 1970 y 1980, cuando surgieron numerosas asociaciones festivas formadas por grupos de amigos, vecinos y barrios de la ciudad.

Estas agrupaciones no solo participaban en la Cabalgata, sino que comenzaron a organizar actividades propias, pasacalles, concursos, comidas populares y hermanamientos con otras peñas.

Su entusiasmo terminó transformando completamente el desfile.

Las carrozas dejaron de ser únicamente elementos decorativos para convertirse en auténticos escenarios móviles donde cada peña mostraba su personalidad mediante disfraces, música, coreografías y humor.

Hoy resulta imposible imaginar la Cabalgata sin la presencia de las peñas, consideradas el verdadero motor de las fiestas burgalesas.

 

El Día de las Peñas y el Burgalés Ausente

El broche final llega con la tradicional jornada en el parque de Fuentes Blancas, donde miles de personas participan en comidas populares, concursos gastronómicos, actuaciones y actividades organizadas por las peñas.

Este día también rinde homenaje a los burgaleses que viven fuera de la provincia mediante la denominada Operación Añoranza, una tradición declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León.

 

Las peñas: el alma de las fiestas

Hablar de los Sampedros es hablar de las peñas.

Las peñas son asociaciones de amigos y vecinos que participan activamente en la organización y animación de las fiestas. Aunque muchas nacieron durante la segunda mitad del siglo XX, inspiradas por movimientos similares en otras ciudades españolas, pronto adquirieron personalidad propia en Burgos.

Cada peña posee su nombre, bandera, colores, charanga y uniforme, generalmente formado por la tradicional blusa blanca, la faja roja y el pañuelo al cuello.

Durante las fiestas organizan actividades deportivas, concursos, comidas populares, pasacalles y actos solidarios, además de acompañar los principales desfiles y mantener un ambiente festivo permanente en las calles.

Con el paso de los años se han convertido en uno de los grandes símbolos de participación ciudadana y son consideradas el verdadero motor popular de las fiestas.

La sociedad recreativa castellana es la más antigua integrada actualmente en la Hermandad de Peñas. Fue fundada el 3 de noviembre de 1933 por un grupo de burgaleses que, tras conocer las sociedades gastronómicas de San Sebastián, quisieron crear una entidad similar en Burgos. Desde los años setenta participa activamente en los Sampedros con su grupo de blusas Los Mangas, carrozas y actividades culturales.

La mayor parte de las peñas actuales surgieron entre 1975 y 1985, coincidiendo con la transformación de los Sampedros en unas fiestas más participativas. Durante esos años aparecieron numerosas peñas vinculadas a barrios, grupos de amigos o asociaciones culturales, que comenzaron a organizar:

Mucho más que unas fiestas

Las fiestas de San Pedro y San Pablo representan la esencia de Burgos. En ellas conviven la tradición religiosa, la historia medieval, el folclore castellano y una intensa participación ciudadana que convierte a toda la ciudad en protagonista.

Mientras San Lesmes sigue siendo el protector y patrón de Burgos, los Sampedros son la gran celebración colectiva que marca el comienzo del verano y reúne a generaciones de burgaleses en torno a unas costumbres que han sabido conservarse durante siglos.

Gigantones, Gigantillos, danzantes, peñas, música, gastronomía y hospitalidad forman un patrimonio cultural único que convierte a las fiestas de Burgos en una de las celebraciones más auténticas y queridas de Castilla y León.

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El Día del Burgalés Ausente en Fuentes Blancas

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Historia, tradición para disfrutar del gran cierre de los Sampedros

Cada año, cuando las fiestas de San Pedro y San Pablo de Burgos llegan a su fin, la ciudad celebra uno de sus actos más emotivos y participativos: el Día del Burgalés Ausente, también conocido como el Día de las Peñas, que tiene lugar en el emblemático parque de Fuentes Blancas. Es una jornada de reencuentros, comidas populares, música y homenaje a todos aquellos burgaleses que viven fuera de la ciudad pero mantienen vivo su vínculo con ella.

Origen del Día del Burgalés Ausente

El Día del Burgalés Ausente nace a mediados del siglo XX como una iniciativa para reunir a los burgaleses que emigraron a otras ciudades o países y que, aprovechando las fiestas, regresaban a su tierra natal.

Con el tiempo, este encuentro se consolidó como una jornada oficial dentro del programa de los Sampedros, adquiriendo un carácter festivo y también emocional. Hoy es un día dedicado tanto a los que están fuera como a las peñas de la ciudad, que organizan comidas, actividades y actos de convivencia.

En la actualidad, el evento se ha convertido en un símbolo de identidad colectiva: Burgos no solo celebra a quienes viven en la ciudad, sino también a quienes la llevan consigo allá donde van.

Fuentes Blancas: el gran escenario natural de Burgos

El parque de Fuentes Blancas es el espacio verde más importante de la ciudad y el lugar elegido para esta gran despedida festiva.

Su origen como zona de ocio se remonta a mediados del siglo XX, cuando el Ayuntamiento impulsó la repoblación forestal y la creación de espacios recreativos junto al río Arlanzón. Con el paso del tiempo se fue transformando en un gran parque periurbano con zonas de merendero, senderos, áreas deportivas y espacios naturales.

El nombre de Fuentes Blancas aparece documentado desde el siglo XIX (hacia 1878) y hace referencia a los numerosos manantiales de la zona.
La palabra “fuentes” alude a los nacimientos de agua que existían en el entorno del río Arlanzón.
“Blancas” probablemente describe el aspecto claro y luminoso del agua o el terreno calizo del lugar.
Con el tiempo, el nombre pasó de designar manantiales rurales a dar nombre al actual parque de Burgos.

Hoy forma parte del cinturón verde de Burgos y es uno de los lugares más queridos por los burgaleses para pasear, hacer deporte o pasar el día en familia.

 

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Qué se celebra en el Día del Burgalés Ausente

El último día de las fiestas de San Pedro y San Pablo, Fuentes Blancas se convierte en una auténtica ciudad festiva al aire libre.

Entre los actos más destacados se encuentran:

  • Misa en la capilla de Nuestra Señora de los Álamos
  • Convivencia de peñas y casas regionales
  • Concurso del Buen Yantar, con platos tradicionales castellanos
  • Reparto de comida popular (morcilla, chorizo, tortilla, pinchos…)
  • Música de charangas y ambiente festivo durante todo el día

El espíritu es claro: despedir las fiestas compartiendo comida, música y convivencia entre generaciones.

El concurso del Buen Yantar nació en la década de 1990, en torno a 1995, impulsado por el Ayuntamiento de Burgos y el movimiento de las peñas y sociedades gastronómicas de la ciudad.

El término “yantar” es una palabra del castellano antiguo que significa comer o alimento, por lo que “buen yantar” se puede traducir como “buena comida”.

El concurso consiste en que las peñas:

  • Preparan platos en el propio parque (cocina al aire libre).
  • Elaboran un plato obligatorio, con un ingrediente fijado cada año.
  • Y un plato libre o voluntario, donde muestran creatividad culinaria.

Un jurado especializado valora las elaboraciones y otorga premios en distintas categorías.

Hoy el Buen Yantar representa algo más que un concurso culinario:

  • Es un homenaje a la cocina burgalesa.
  • Refuerza el papel de las peñas como motor de las fiestas.
  • Y simboliza el espíritu de convivencia del final de los Sampedros.

En definitiva, es la unión perfecta entre tradición gastronómica y fiesta popular, en uno de los entornos naturales más queridos de Burgos.

Monumentos y lugares que ver en Fuentes Blancas

Aunque es un espacio natural, el parque también tiene varios puntos de interés:

La capilla de Nuestra Señora de los Álamos

Pequeño templo muy vinculado a la romería del Burgalés Ausente y a celebraciones religiosas populares.

La capilla no tiene un origen medieval ni antiguo, sino que es una construcción moderna, del siglo XX, ligada al proceso de transformación de Fuentes Blancas en gran zona de ocio y naturaleza de la ciudad.

Fuentes Blancas comenzó a acondicionarse a partir de finales del siglo XIX y sobre todo en el siglo XX como espacio de recreo, merendero y zona forestal recuperada para uso ciudadano. En ese contexto, el Ayuntamiento fue incorporando equipamientos: merenderos, zonas deportivas, camping y también pequeños elementos de carácter simbólico o religioso, entre ellos la capilla.

Según la documentación histórica del parque, la capilla con la imagen de la Virgen de los Álamos se encuentra en el corazón del parque y forma parte de las actuaciones de acondicionamiento realizadas especialmente desde mediados del siglo XX, cuando Fuentes Blancas se consolida como espacio de ocio urbano.

El humedal y la biodiversidad

Fuentes Blancas alberga zonas de gran valor ecológico con aves y vegetación autóctona.

El humedal de Fuentes Blancas es un espacio natural de Burgos creado a partir de la recuperación de un antiguo meandro del río Arlanzón a comienzos de los años 2000.
Se ha convertido en un ecosistema de ribera con gran valor ecológico dentro del parque urbano.
Destaca por su vegetación de carrizos, sauces y chopos, y por la presencia de aves acuáticas como garzas, patos y fochas.
Hoy es un refugio de biodiversidad y un lugar de paseo y observación de naturaleza en plena ciudad.

 

La Cartuja de Miraflores

Uno de los elementos más importantes del paisaje de Fuentes Blancas es la Cartuja de Miraflores, situada en una colina rodeada de bosques dentro del propio entorno del parque.

Este monasterio fue inicialmente un palacio de recreo del rey Enrique III en el siglo XV, en la antigua zona de Miraflores. Posteriormente, su hijo Juan II lo cedió a la orden de los cartujos, convirtiéndose en uno de los grandes centros espirituales y artísticos del gótico europeo.

La intervención de figuras como Isabel la Católica, Gil de Siloé o Simón de Colonia convirtió la Cartuja de MIraflores en un conjunto funerario excepcional, donde reposan los restos de los reyes Juan II e Isabel de Portugal.

Hoy, la Cartuja de Miraflores  no solo es un monumento imprescindible, sino también una puerta de entrada histórica al paisaje de Fuentes Blancas.

 

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Un cierre emocional para las fiestas

El Día del Burgalés Ausente no es solo el final de los Sampedros. Es una celebración de la memoria, la identidad y el vínculo con la tierra.

En Fuentes Blancas, entre música, comida y reencuentros, Burgos despide sus fiestas mirando también hacia fuera, hacia todos aquellos que forman parte de la ciudad aunque vivan lejos.

Es, en definitiva, un día en el que Burgos demuestra que su mayor riqueza no está solo en sus monumentos o su historia, sino en su gente.

 

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